Lucía llevaba tres meses en su nuevo trabajo y sentía que no encajaba. Sus compañeros le parecían poco colaborativos, su jefe demasiado exigente, y las reuniones de equipo una pérdida de tiempo. “Este lugar no es para mí”, pensaba.
En una charla con una amiga, empezó a enumerar todo lo que no funcionaba: “Nadie me explica bien las cosas, me dan tareas sin contexto, y cuando pregunto me miran como si fuera tonta.”
Su amiga la escuchó en silencio y después le preguntó algo que la incomodó: “¿Y tú qué estás haciendo distinto a lo que hacías en tu trabajo anterior?”
Lucía no supo qué responder.
Porque en el fondo, algo había cambiado. Pero no era su entorno. Era ella.
La trampa más común: poner la dificultad en los demás
Hay una tendencia humana casi automática: cuando algo no funciona en el trabajo, lo primero que hacemos es buscar la causa afuera.
“Mi jefe no sabe delegar."
"Mis compañeros no colaboran."
"El cliente es imposible."
"La empresa no valora mi trabajo.”
A veces, estas afirmaciones son ciertas. Pero otras veces —muchas más de las que nos gustaría admitir— la dificultad viene de nosotros mismos.
Y si no nos detenemos a identificarlo, podemos pasar meses, años, o toda una carrera profesional resolviendo el problema equivocado.
La dificultad más peligrosa es la que no reconocemos como propia.
Cómo saber si la dificultad es tuya
Hay algunas señales que pueden ayudarte a identificar cuándo el origen del problema está en ti y no en los demás:
1. El patrón se repite en diferentes lugares
Si en tu trabajo anterior tenías conflictos con tu equipo, y en este también. Si en varios proyectos te pasó lo mismo. Si cambiaste de empresa y las “mismas” dificultades volvieron a aparecer.
Tal vez el problema no sea el lugar. Tal vez seas tú.
2. Otras personas no tienen la misma dificultad
Si tú sientes que tu jefe no explica bien, pero tus compañeros parecen entenderlo sin problema. Si tú te sientes excluido, pero el resto del equipo parece llevarse bien.
Tal vez no sea que los demás están equivocados. Tal vez haya algo en tu forma de relacionarte que está generando esa distancia.
3. Cuesta mucho pensar y expresar el problema con claridad
Cuando intentas explicarle a alguien qué es lo que te pasa, las palabras se te enredan. No logras identificar un hecho concreto, solo una sensación difusa de incomodidad.
Esa dificultad para nombrar el problema muchas veces indica que el problema no está del todo afuera. Está mezclado con algo tuyo: inseguridad, expectativas no comunicadas, o emociones sin procesar.
Los orígenes internos más comunes de las dificultades laborales
Expectativas no dichas
Esperás que tu jefe te reconozca tu trabajo, pero nunca se lo pediste. Esperás que tu equipo te incluya, pero no mostraste interés en participar. Esperás flexibilidad, pero nunca la negociaste.
Las expectativas que no se comunican se convierten en frustraciones.
Inseguridad disfrazada de exigencia
“Mi jefe es demasiado exigente” a veces significa “Tengo miedo de no estar a la altura”. Y esa inseguridad te hace interpretar cada feedback como un ataque, en lugar de verlo como información para mejorar.
Falta de adaptación
sigues haciendo las cosas como las hacías en tu trabajo anterior, o como crees que “deberían” hacerse. Pero no estás leyendo cómo funciona este equipo, en este momento, con estas personas.
Miedo a preguntar
prefieres asumir, adivinar, o hacer las cosas mal antes que admitir que no entiendes algo. Y ese miedo termina generando más problemas de los que evita.
El caso de Lucía: el descubrimiento incómodo
Después de la pregunta de su amiga, Lucía se tomó unos días para pensar. Y empezó a notar cosas que antes no veía:
- En su trabajo anterior, siempre la buscaban para charlar. aquí, ella llegaba, se sentaba, se ponía los auriculares y no hablaba con nadie.
- En su trabajo anterior, hacía muchas preguntas. aquí, tenía miedo de “molestar” y prefería resolver sola.
- En su trabajo anterior, participaba en las reuniones. aquí, se quedaba callada porque sentía que “no sabía lo suficiente”.
No era que sus compañeros fueran poco colaborativos. Era que ella no estaba generando los espacios para colaborar.
No era que su jefe fuera exigente. Era que ella no estaba pidiendo el feedback que necesitaba para entender qué se esperaba de ella.
La dificultad estaba en cómo se estaba posicionando ella, no en los demás.
Lo que Lucía hizo después
Lucía tomó una decisión simple: empezar a actuar diferente.
Dejó de llegar y aislarse. Empezó a quedarse unos minutos después de las reuniones para charlar con sus compañeros.
Empezó a hacer preguntas, incluso las que le parecían “obvias”.
Pidió una reunión con su jefe para entender mejor qué esperaba de ella.
En dos semanas, la dinámica cambió. No porque el equipo fuera distinto. Porque ella sí lo era.
Reconocer no es culparse
Hay algo importante aquí: identificar que la dificultad viene de ti no significa que estés haciendo todo mal.
Significa que hay algo en tu forma de actuar, comunicarte o relacionarte que no está funcionando en este contexto. Y eso es modificable.
Culparte es paralizante. Reconocerlo es liberador. Porque si el problema es externo, no puedes hacer mucho. Pero si el problema es tuyo, tienes el control para cambiarlo.
Tres preguntas para identificar si la dificultad es tuya
La próxima vez que sientas que algo no funciona en tu trabajo, antes de asumir que el problema está en los demás, hazte estas preguntas:
- ¿Esta misma dificultad me pasó antes en otros lugares?
- ¿Qué estoy haciendo yo que podría estar contribuyendo a esta situación?
- ¿Comuniqué claramente lo que necesito o estoy esperando que los demás lo adivinen?
No siempre la respuesta va a ser “el problema soy yo”. Pero muchas veces, es el punto de partida para la solución.
La paradoja de las dificultades internas
aquí está lo interesante: las dificultades que vienen de nosotros son las más incómodas de reconocer, pero también las más fáciles de resolver.
Porque no necesitás que otra persona cambie. No dependés de que tu jefe sea diferente, o de que tu equipo se comporte distinto.
Solo necesitás modificar algo en ti. Y eso siempre está a tu alcance.
La dificultad más difícil de ver es la que viene de adentro. Pero también es la única que puedes resolver sin pedirle permiso a nadie.
Si sientes que necesitás ayuda para identificar qué está generando dificultades en tu trabajo y cómo modificarlo, agendemos una conversación. Soy Ariel Pardo y desde hace más de 30 años acompaño a profesionales a desarrollar mayor consciencia sobre su forma de relacionarse en el trabajo. La primera charla es sin compromiso.